En las últimas décadas, la investigación en psicología sobre individuos transgénero se ha enfocado principalmente en cómo la transición médica influye en la disforia de género y el bienestar psicológico. Aunque este enfoque ha revelado los beneficios de las intervenciones hormonales y quirúrgicas, ha limitado la comprensión de la experiencia corporal y subjetiva de estas personas. La disforia corporal, la imagen corporal y la autopercepción son fenómenos dinámicos que persisten y evolucionan a lo largo de la vida, incluso después de la transición.
Para los profesionales de la psicología, el desafío reside en abandonar modelos simplificados y adoptar enfoques que consideren la experiencia corporal como un fenómeno en constante cambio, contextual y relacional. Analizar la disforia, la imagen corporal y la autopercepción más allá de la transición no solo enriquece el conocimiento científico, sino que también contribuye a una práctica clínica más adaptada a la diversidad de las trayectorias de las personas transgénero.
La Disforia Corporal: Una Perspectiva No Lineal
La disforia corporal, que tradicionalmente se entiende como el malestar resultante de la incongruencia entre el cuerpo y la identidad de género, no siempre desaparece por completo después de una transición médica. Investigaciones a largo plazo, aunque demuestran una reducción significativa del malestar gracias a tratamientos hormonales y quirúrgicos, también revelan que una parte de los individuos puede seguir experimentando insatisfacción corporal en aspectos específicos como la altura, ciertos rasgos faciales o características genitales, incluso años después de las intervenciones. Estos hallazgos sugieren que la disforia corporal no es una condición binaria que se "resuelve" o no con la transición, sino más bien un espectro influido por factores biológicos, psicológicos y sociales. La transición médica actúa como un poderoso atenuador del malestar, pero no como una solución total a todos los conflictos corporales, lo que requiere un enfoque más matizado y personalizado en el acompañamiento psicológico.
Además, la imagen corporal en personas trans está íntimamente ligada a la congruencia percibida entre el cuerpo y el género vivenciado. Estudios cuantitativos indican un aumento progresivo de la satisfacción corporal a medida que se logra una mayor alineación anatómica con la identidad de género, especialmente al combinar terapias hormonales y quirúrgicas. Esta mejora tiende a ser duradera, sugiriendo una integración corporal estable. Sin embargo, la imagen corporal va más allá de los cambios físicos objetivos; la percepción subjetiva del cuerpo, las comparaciones sociales y las expectativas sobre cómo el cuerpo es percibido por otros son determinantes. La disparidad entre la autopercepción y la percepción social del cuerpo se correlaciona con un mayor malestar psicológico, incluso en etapas avanzadas de la transición. Desde una perspectiva cualitativa, el cuerpo trans funciona como un "signo social" constantemente interpretado por el entorno, donde la disforia no solo radica en la anatomía, sino en la interacción social y la necesidad de una constante vigilancia corporal. Esta dinámica es particularmente intensa en personas no binarias, quienes, ante la ausencia de referentes corporales normativos, pueden experimentar una mayor incomodidad, a pesar de las modificaciones corporales realizadas.
Autopercepción y Bienestar Psicosocial: Más Allá de los Cambios Físicos
La autopercepción, que se refiere a la experiencia subjetiva del propio cuerpo y la identidad encarnada, se forja en un contexto relacional complejo. La sensación de ser correctamente percibido por el entorno se ha identificado como un factor crucial para la mejora del bienestar psicológico después de la hormonación, superando incluso la importancia de los cambios físicos por sí solos. La investigación contemporánea también ha expandido su alcance para incluir dimensiones de la imagen corporal no directamente vinculadas a las características sexuales. Las personas trans, en comparación con las poblaciones cisgénero, tienden a presentar mayores niveles de auto-objetificación, insatisfacción con el peso y preocupaciones alimentarias, factores que interactúan con la disforia de género, pero que no se explican exclusivamente por ella. Un descubrimiento significativo es el papel protector de la edad, ya que las personas trans adultas y mayores muestran una mayor autoaceptación y satisfacción corporal, lo que sugiere procesos adaptativos a largo plazo y desafía clichés sobre la insatisfacción con la edad en mujeres trans.
A pesar de que la transición médica se asocia con una disminución de la depresión y la ansiedad, una parte considerable de las personas trans continúa experimentando síntomas psicopatológicos después de completar los tratamientos afirmativos. La literatura científica destaca que factores como el estigma, la discriminación, la violencia simbólica y las experiencias traumáticas previas siguen impactando la autopercepción y la relación con el cuerpo. Desde la Psicología Clínica, esto subraya la importancia de reconocer que la mejora de la imagen corporal por sí sola no garantiza un bienestar psicológico completo. La atención terapéutica post-transición es fundamental para abordar esquemas corporales rígidos, procesos de auto-vigilancia y narrativas internalizadas de invalidación, permitiendo un enfoque más integral y continuado. El desarrollo de instrumentos específicos para evaluar la imagen corporal en la población trans ha permitido una comprensión más precisa de la disforia corporal residual y los procesos de integración corporal a largo plazo, lo que beneficia tanto la investigación como la práctica clínica.