Un principio nutricional fundamental, a menudo resumido en la frase "hay que comer de todo, pero en plato de postre", resuena con la sabiduría de expertos como el doctor Grande Covián, pionero en nutrición española. Esta máxima, adoptada por muchas madres, encapsula la esencia de una alimentación balanceada, donde tanto la cantidad como la calidad de los alimentos son cruciales. Sin embargo, su interpretación requiere matices, ya que, como señala la dietista-nutricionista Ana Gloria Cantos Aguilar, no es una directriz clínica rígida, sino una expresión popular que promueve la moderación y la diversidad en el consumo de alimentos. La clave radica en comprender que ningún alimento por sí solo aporta todos los nutrientes necesarios para el buen funcionamiento del organismo, lo que subraya la necesidad ineludible de una dieta variada.
Para los especialistas, la verdadera definición de "comer de todo" implica la inclusión de diversos grupos alimenticios en la dieta diaria, tales como vegetales, frutas, cereales, legumbres, proteínas animales y grasas saludables, evitando la creencia de que se refiere a ingerir cualquier cosa sin criterio. Esta variedad asegura la ingesta de micronutrientes esenciales que, de faltar, podrían generar deficiencias a mediano plazo. Por otro lado, la cantidad adecuada es tan importante como la diversidad. Expertos como Antonio Andújar advierten que ni el exceso ni la restricción son beneficiosos. Disfrutar de la comida no implica un consumo desmedido, y la privación puede activar mecanismos de supervivencia en el cuerpo que favorecen la acumulación de grasa y perjudican la masa muscular, un "superórgano metabólico" vital para la salud general.
En última instancia, el equilibrio es la piedra angular de una alimentación sana y sostenible. El concepto del "plato de postre", aunque visualmente evocador, no es una regla universal aplicable a todas las personas, dadas las diferencias en edad, nivel de actividad física y necesidades individuales. Lo verdaderamente importante es aprender a escuchar al propio cuerpo, reconociendo las señales de hambre, saciedad y sed, en lugar de seguir reglas inflexibles. El rol del nutricionista es precisamente guiar a cada individuo en este aprendizaje, personalizando las recomendaciones y fomentando una comprensión profunda de lo que se come, por qué y cómo afecta al organismo. Las frases populares, lejos de ser leyes inquebrantables, deben servir como punto de partida para un diálogo más amplio y contextualizado sobre nuestra relación con la comida.
Adoptar una perspectiva informada y consciente sobre la alimentación es un camino hacia el bienestar integral. Lejos de las dietas restrictivas o los excesos, la verdadera nutrición radica en el balance, la variedad y la capacidad de entender y responder a las necesidades únicas de nuestro cuerpo, promoviendo así una vida más plena y saludable.